El tema fue planteado esta semana en Recorriendo la Ciudad, el segmento de Movilizados por la Ciudad en el que Lucía Camino presentó una escena registrada en avenida Lisandro de la Torre y avenida Patricios. A partir de esa imagen, Iván Leske sumó un análisis sobre el uso del espacio público, la desidia estatal y el mensaje que este tipo de postales transmite a los barrios.
Una escena registrada a metros de la Seccional Quinta donde se observan vehículos abandonados y destruidos ocupando el boulevard de Av. Patricios. A partir de esa postal, Lucía presentó el tema e Iván profundizó el análisis, poniendo el foco en una práctica que se ha vuelto frecuente en distintos puntos de Comodoro: la acumulación de autos secuestrados en plena vía pública y el mensaje de abandono que eso transmite.
Lucía Camino lo describió durante el programa con una definición tan cruda como precisa: “Zona de Guerra”. Y no es una exageración, detrás de ella lo que se ve es un boulevard lleno de autos oxidados, retorcidos, como si hubieran sido bombardeados. No se trata solamente de vehículos fuera de circulación. Se trata de chatarra convertida en paisaje. Se trata de abandono normalizado.

El problema no es sólo estético, aunque ese sólo aspecto ya es importante. Porque ninguna ciudad que se respete debería naturalizar que un sector urbano reciba a vecinos con una acumulación de carrocerías destruidas en plena vía pública. Pero además hay algo más profundo: ese paisaje transmite un mensaje. Y el mensaje dice que ese lugar no importa. Dice que quienes viven cerca, quienes caminan por ahí, quienes vuelven todos los días a sus casas en esa zona, no están siendo tenidos en cuenta.
La escena resulta todavía más elocuente por el lugar en el que ocurre. Esa intersección está próxima a barrios como Juan XXIII e Isidro Quiroga, sectores que no merecen convivir con una postal de desidia permanente. Porque no hablamos de un rincón perdido ni de un terreno baldío alejado de la vida cotidiana. Hablamos de un espacio urbano que forma parte del entorno diario de muchísimas personas. Y la escena se repite además en otros barrios de la ciudad.

En Comodoro se ha vuelto demasiado común que en inmediaciones de comisarías aparezcan este tipo de acumulaciones de vehículos secuestrados. Se los deja ahí y el paso del tiempo hace el resto. Lo que pudo haber empezado como una solución provisoria termina consolidándose como una práctica absurda, impropia de una ciudad que hace rato arrastra problemas serios de ordenamiento, uso del espacio y calidad urbana.
Y ese es justamente el punto de fondo: este procedimiento no da para más. En una ciudad colapsada en tantos aspectos, no se puede aceptar que vehículos abandonados o secuestrados ocupen espacio público ni siquiera durante una semana. Mucho menos durante meses o años. Cada metro cuadrado de la ciudad cuenta. Cada tramo del espacio urbano debería pensarse en función de la vida de las personas, no de la comodidad burocrática de dejar lo que molesta en cualquier parte.
Porque cuando el Estado deja chatarra amontonada en un boulevard, no sólo ocupa lugar. También degrada el entorno, empobrece el paisaje, naturaliza la decadencia y les comunica a los vecinos que su barrio puede esperar, que su calidad de vida puede quedar en segundo plano, que no hay apuro por resolver nada. Y eso es grave. No por simbólico solamente, sino porque lo simbólico también ordena o desordena la experiencia cotidiana de vivir en una ciudad.

Imaginemos salir a caminar y tener que esquivar autos oxidados. Imaginemos llegar a casa y que en vez de un parque, un monumento o un espacio cuidado, lo que nos reciba todos los días sea una hilera de vehículos destruidos. Imaginemos mirar por la ventana y convivir con una escena que remite más a un escenario bélico que a una ciudad que pretende funcionar con cierta dignidad. Todo eso deteriora. Todo eso pesa. Todo eso también es violencia urbana, aunque muchas veces se la subestime porque no entra en las estadísticas tradicionales.
No se trata de discutir si esos vehículos deben estar o no bajo custodia del Estado. Se trata de discutir dónde y cómo. Porque una cosa es secuestrar vehículos y otra muy distinta es convertir el espacio público en un depósito a cielo abierto. Si hacen falta predios específicos, deben generarse. Si hace falta mejorar la logística, debe mejorarse. Si hace falta decisión política, debe aparecer de una vez. Lo que no puede seguir pasando es que la salida más fácil sea siempre cargarle el costo a los barrios.
Quitar esos autos de ahí no resolvería todos los problemas de la ciudad, pero sí enviaría una señal importante: que ese sector no es indiferente, que quienes viven allí importan, que el espacio urbano merece ser cuidado y que hay límites para la desidia. A veces gobernar también consiste en entender lo que una imagen dice antes de que la costumbre la vuelva invisible.
Porque no, esto no es Irán ni Irak. Es Comodoro Rivadavia. Y naturalizar una postal así es aceptar un nivel de abandono que ya no debería tolerarse.
El programa completo puede verse a continuación:
- Movilizados por la Ciudad es una producción de urbanoides para Giros Media, con el apoyo de Valdesogo, Albox Rental, Virtualgraph e Instituto Leonardo Da Vinci.
- Lucía Camino es un avatar creado con IA.
- La cortina de Movilizados por la Ciudad y todos los separadores están creados con IA.


